hoy tengo ganas de escribir y escribir y escribir (y releer)
Fue un día largo, larguísimo. Lento por momentos. Fui a
Pensé en las miles de veces que he sentido la necesidad de encontrar a alguien, no importa que no sea amigo, que no conozca su nombre, que no me caiga bien, que yo no le simpatice, tantas oportunidades en que espero atento que algo suceda, que me encuentre con alguien e intercambiemos saludos; luego... Nada, nunca nada, o siempre. Nunca encuentro a nadie. Lo que deliberadamente busco nunca sucede. Es extraño todo. O sea, nada. No sé qué es lo extraño. No entiendo. Es sólo que a veces estoy tan solo; después, nada. No hay nadie. Y hoy me encuentro con este tipo y pienso en toda la soledad que se habría llenado si me sintiera solo. Fue un día tan largo.
Más adelante, ya era la tarde, no pude evitar sentirme banal. Lo intenté, de veras lo intenté. Fue imposible. Sentí que la persona más vana del mundo era yo, la más inútil. Aquí, en esta línea, tendría que anotar que me tomo la vida demasiado en serio; pero temo, siempre lo hago. Si decido admitirlo perderé a mis amigos, o dejarán de darme su opinión, o no lo admito porque quizá ya he perdido a casi todos. Hay cosas que ya no me dicen los que permanecen. Aspectos que prefieren omitir porque saben lo que desencadenan.
Me siento tan triste. Mi tristeza sólo podría compararse con mi necesidad de escribir en este momento; aunque, ¿quién tiene ganas de calcular su tristeza? Yo no. ¿Sopesarla en el camino de la decantación de ideas poco claras? Para qué. No hay motivo para buscar refugio en el hermetismo. No, no lo hago. No quiero detenerme a comparar dolores con un niño de Nigeria.
Después caminé por las calles del centro como aquella vez que eran las diez de la noche, la que decidí buscar al metro 'Juárez'. Me sentí mejor, todo mejoró y pude seguir. Nada es tan importante --me dije. El dolor en mi estómago no es trascendente ni me llevará al autoconocimiento. Y así, hasta que volví a sentirme vacío.
Olvidé toda la caja de adjetivos que guardo en la bolsa derecha de mi pantalón de mezclilla. Bajé las escaleras del metro 'hidalgo', compré mi boleto y decidí proseguir mi lectura en el vagón mientras viajaba a 'Universidad', no pude. Tenía demasiado por preguntar; ¿para qué escribo? Siempre me cuestiono para qué. Hoy tengo muchas respuestas, todas falsas.
escribe
Salvatore
at
01:40
Etiquetas: Decididamente a destiempo

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